Distingo a las personas porque cuando estoy con ellas me gusta hablar de Cosas, no de Personas. - Pedro Amorós -  

Home Reportajes TV El Castillo Maldito
El Castillo Maldito

El Misterio del Castillo de la Coracera    

      San Martín de Valdeiglesias, es una bella población cercana a la capital de España y a muy escasos metros del centro geográfico de nuestro País. En ella se conserva el magnífico Castillo de la Coracera, un historico lugar que antaño fue escenario de numerosos episodios históricos que reflejan en la actualidad un atractivo lugar para el turista y el estudioso. 

      Sin embargo, no hace muchos años, uno de sus últimos propietarios Juan Fernández Ganza, situó además este lugar en la antesala de un misterio, un enigma por resolver que envuelve desde historias de fantasmas, hasta un posible crimen; el suyo propio. A pesar de que las versiones oficiales apuntaban a que éste murió por suicidio, los que le conocían no lo tenían tan claro. 

      Teo Plaza, José Castro, Javier Gutierrez y Pedro Amorós, se introdujeron en el lugar con el fin de "arrancar" al silencio de sus paredes algunos de los capítulos de ese macabro suceso en modo de psicofonías. Y fue precisamente una de ellas, breve pero escueta, la que nos incitó a pensar que lo ocurrido no fue un suicidio, sino un crimen que alguien por celos, rabia cólera y odio, perpetro contra Juan, el último "fantasma" que posiblemente deambule por el lugar. 

      De la mano del formidable realizador de exteriores Teo Plaza, Pedro Amorós investiga en el lugar.




Guión de Rodaje

       El misterio se ha apoderado del castillo. La extraña muerte de su dueño, Juan Fernández Ganza, está aún cargada de interrogantes, que el tiempo puede dejar en el olvido. Muchos no se creen la versión oficial, que transcendió en aquel momento, de que Juan pusiera intencionadamente fin a su vida.

      Las personas cercanas piensan que su muerte no pudo ser vulgar, al igual que no lo fue su vida. María Jesús Oliva, que convivió con el señor del castillo cinco años, asegura que “si se hubiera suicidado lo hubiera hecho de una forma más ritual, con toda la parafernalia y no encima de una cama”. Por su parte, uno de los guardias civiles que descubrieron el cadáver indica que “se disparó y se pegó el tiro sin darse cuenta”.

     Era una especie de moderno Marqués de Sade: cruel, violento y enigmático, que ejerció durante quince años como un auténtico señor feudal en la localidad madrileña de San Martín de Valdeiglesias. El 22 de octubre de 1985 apareció muerto en su habitación con el revólver en la mano derecha. Una bala le cruzaba la cabeza. Junto a él el alcohol, su compañero inseparable.

     ¿Qué pasó realmente aquella noche entre estos fríos y silenciosos muros? ¿Quién conoce el secreto de esta muerte? El parapsicólogo Pedro Amorós ha intentado hace unos días aportar luz a este caso. Ha grabado varias psicofonías en las que una voz niega que se suicidara. Otra de estas manifestaciones psicofónicas puede inducir a pensar que fue un crimen perfecto, que alguien ordenó el asesinato. Una persona parece dar una orden a otra. Según Pedro Amorós. “se puede escuchar con total claridad, una voz que dice: tira ‘pa’ abajo, quizás como si le apuntasen con un arma”.

      La historia del señor del castillo está llena de excentricidades y locuras. De espectaculares borracheras que desataban sus instintos más brutales. Jugaba a diario con todo aquello que producía terror y muerte. Las mujeres que penetraban en esta fortaleza no sabían cuál podía ser su destino. María Jesús Oliva cuenta que un día “había bebido mucho y entonces, cogió un cuchillo nazi que tenía, y me hizo desnudar. Me quitó todo, hasta el anillo y la cadena. Me subió para la sala de armas, me puso el cuchillo y me dijo que me iba a matar. Me hacía beber coñac y en una de esas le empujé, porque yo sabía que no me iba a matar. Salí corriendo, entré en la habitación, cogí un pantalón y huí. Desaparecí. Me marche del castillo y todo el mundo creyó que me había matado”. Su socio José Luis Muñiz comenta que trataba exquisitamente a las mujeres. “Siempre comenzaba romances colmando a sus mujeres con todo tipo de detalles y atenciones, hasta que al cabo de 15 o 20 días, o las daba una paliza o las echaba de casa. Pero, es que además las echaba desnudas”.

     La leona y el león fueron sus únicos amores eternos. Siempre inseparables. Ellos nunca fueron expulsados del castillo. Sólo salieron de allí cuando murió su amo: un hombre despiadado. María Jesús Oliva también cuenta que una vez me metió dentro de la jaula y le decía a la leona “¡cométela!”. “Entonces la leona rugía, pero era porque él le hacía daño y rugía delante de mi cara. Yo pensaba que me comía..., pero no me comió”.

     Los caballos también eran imprescindibles en su vida, en lo que acabó siendo un casi continuo estado de embriaguez que él veneraba. Día a día el señor se iba convirtiendo en una sombra de sí mismo. En honor a su bebida favorita bautizó con el nombre de Coñac a uno de sus caballos. José Luis Muñiz nos cuenta que normalmente “como él estaba casi siempre bebido, se acostaba vestido, con las botas puestas, e incluso llegaba a dormir con el caballo en la habitación”.

     Su universo era escalofriante. Juan también era aficionado al ocultismo. Vivía convencido de que en el castillo había misterios de otras épocas que influían en su vida y en sus actos. Los muros son testigos de misas negras, de sesiones de invocación a los espíritus y de orgías truculentas, que recreaban sus fantasías y sus alucinaciones, y ayudaban a aumentar su leyenda.

     Los fantasmas le acompañaban día y noche. Decía que le perseguían y que corrían por las salas en su búsqueda. Él los ahuyentaba a base de disparos. El alcohol le inbuía a diario en un delirium tremens. Las anécdotas se cuentan por docenas, al igual que sus amantes. Juan vivía con la misma intensidad el placer y el horror. Hizo de su vida un turbulento frenesí, mezcla continua de violencia y sexo. Él siempre se identificaba como un mercenario. Su socio José Luis Muñiz nos cuenta que presumía mucho de nazi, “incluso llegaba a afirmar que lo del holocausto estaba muy bien hecho”.

      En este sentido, otra psicofonía también alimenta esta intriga. En ella puede oírse: “¡cobarde eres!”. “¿Juan miedo?”, se pregunta el ex guardial civil. “Juan nunca tuvo miedo de nadie”, sentencia.

     Jugaba a la ruleta rusa, disparaba tiros al campanario de la iglesia, entraba a caballo en los bares, echaba a las mujeres desnudas a la calle. Una vida de escándalo que sigue alimentando una leyenda sin punto y final. Su amigo Vicente Domínguez no se cree la versión del suicidio. “Es imposible creer que se pegara un tiro en la cama”.

     Hoy sus restos reposan en este humilde nicho, sin ninguna identificación. Tan sólo esta cruz azul y una “c” a cada lado, que nadie sabe descifrar. Mientras, en el patio de armas siguen apareciendo restos óseos. Esqueletos de animales que sirvieron para alimentar a los leones del castillo. Para otros, sin embargo, estos mismos huesos han engordado la leyenda de horribles crímenes cometidos entre los muros de la fortaleza.

Guión: Julia Gómez / Realización: Teo Plaza / Coordinador de la Investigación: Pedro Amorós

 

Pedro Amorós en el castillo de San Martín de ValdeIglesias - www.pedroamoros.com-